Libros y carteles

"He aprendido a hacer la O sin la María y puños fuera,
los tres telediarios, barras y estrellas, palos de bandera,
ramas, tirachinas y, de pulsera, relojes de madera,
relojes de madera.

Tallo de las hojas, varas verdes,
veo que te me pierdes, veo que te me pierdes.
Afilaré este lápiz, qué feliz un tonto con un lápiz.

He aprendido a hacer de un solo trazo
z, z, z … z, z, z.
He aprendido a hacer por el silencio la h muda.

Es triste pedir, organizados los carteles,
organizados los carteles.
No son pocas letras, verdiblancas son las eles.

He aprendido a hacer la O sin la María y puños fuera,
los tres telediarios y la firma del pintor de cualquier otro gran sudario.
Me van a detener, me van a detener.

He aprendido a hacer de un solo trazo las arterias y los vasos.
Me van a detener, me van a detener.
Ya me lo figuraba, ya me lo figuraba
."

 

Declina agosto, declina el verano. Más tiempo para leer. Tengo cinco libros pidiendo paso, alguno comenzado ya hoy. El primero es Anatomía del miedo del conocido pensador y divulgador José Antonio Marina, quien sirve tanto para un roto como para un descosido en su magno intento de totalizar lo que hace años presentó como teoría de la inteligencia creadora. Estrella de la editorial Anagrama, será el sexto o séptimo libro que le leo, cada vez con menos interés, si bien éste ha arrancado con interés. Destacaré a otro autor español, el gran psicólogo experimental José Luis Pinillos, con sus Principios de psicología, otra gran obra totalizadora seguramente necesitada de actualización (es de 1975: que nadie espere ninguna refutación del campo Ganzfeld en sus páginas) pero interesantísima, que se comienza a leer con devoción. Espero enfoques nuevos en O reino medieval de Galicia de Anselmo López Carreira, publicado en una editorial -A Nosa Terra- con más preferencia por la arena que por la cal. El investigador James Kakalios, de la Universidad de Minnesota, parece haberse revelado como un sensacional divulgador científico en La física y los superhéroes, que promete desentrañar nuestra realidad a golpe de cómic épico: Kakalios combina sus dos pasiones, la investigación y la banda diseñada, para hacer llegar al gran público el tejido de las cosas. Por último, Joseph Stiglitz parafrasea a Freud en su El malestar en la globalización, que no sé si voy a aguantar sin leer esta madrugada …. pero hay tantos. Por lo menos mi tiempo no está tan ahogado como antes.

 

Encabeza este post un texto que, lo diré ya, es la letra de una de mis canciones preferidas de todos los tiempos. La compuso un señor de San Juan de Aznalfarache, don Antonio Luque, bajo el nombre artístico de Sr. Chinarro, con el título de "Los carteles" para el disco "El ventrílocuo de sí mismo", publicado en 2003 por la imprescindible Acuarela. Me gustaría hablar del vídeo-clip, que se puede admirar en la página web del citado sello, aunque Luque ha dejado la nave nodriza rebotando por Ejército Rojo hasta ahora Mushroom Pillow.

El vídeo empieza de un modo emocionante. No en vano en este 2007 se cumplirá el medio siglo del viaje del primer uránida metálico, la esfera de 83 kilos y pico en órbita llamada Sputnik 1, seguida un mes después del primer ser vivo orbitante, Laika. Unos cosmonautas soviéticos resisten pruebas de aceleración antigravitacional con gesto impávido. Poco después da comienzo un gran estallido, ese Big Bang intuido por Lemaître y que tan bien supo narrar Weinberger, dando paso a la formación de Tierra y a la aparición de vida: unos danzarines negroides. Sin solución de continuidad, el montaje alterna imágenes de científicos európidos absortos en sus estudios o bien lanzados en prototipos volantes ahora ridículos con la grabación de una tribu amerindia no menos absorta en el tejer de un traje ritual extraordinariamente similar al traje espacial de un cosmonauta/astronauta (el vídeo termina con un americano, Aldrin, en la célebre fotografía en que se ve a Armstrong reflejado en el casco del primero, alternado con un primerísimo plano del oficiante tribal vestido de no se sabe qué). Por el camino el montaje ha alternado también las danzas de la tribu con imágenes de lanzamientos fracasados. Tiene miga la cosa, porque -si no me equivoco- la grabación de la tribu proviene de uno de los ufólogos más afamados de siempre, el suizo Erich von Däniken, quien rodó un documental mostrando ese rito, interpretado por él como recordatorio de visitantes extraterrestres venidos milenios atrás.

No sólo la canción es maravillosa y su letra sublime, llena de encanto y sugerencia. El vídeo también produce ese extraño estremecimiento de lo artístico que ensancha nuestra forma de ver las cosas. Por un lado, vemos la sideral -nunca mejor dicho- diferencia entre dos formas de vivir en sociedad, la tribal de los negroides y amerindios y la altamente especializada, fruto de una continuada división del trabajo y de las olas de desarrollo tecnológico-industrial, de los pueblos európidos. La tribu está apegada a la tierra y la única respuesta que puede dar a lo llegado del cielo es su divinización ritual. El európido desea conquistar las estrellas. Además, es muy popperiano ver que la tribu ofrece un manto cálido y tranquilizador para sus miembros: mientras los cosmonautas y los técnicos mantienen un gesto adusto y se enfrentan con frialdad a un destino incierto, los miembros de la tribu realizan un trabajo conjunto, se pintan y bailan agarrados, en una aburrida armonía que evita riesgos. Por eso la sensación de fracaso está lejos de lo tribal: no hay riesgos en esa forma de vivir que no va hacia ningún sitio sino hacia su extinción, como es evidente hoy en día (en su famosísimo ensayito El mono desnudo, el zoólogo Desmond Morris llamaba a las tribus "callejones culturales sin salida"); al contrario, el hombre európido se dará de narices con las limitaciones físicas pero encontrará la salida, el hueco por donde colarse hacia nuevas galaxias. Sabemos que lo hará. Que lo haremos. Otro aspecto que muestra con fuerza es la irrelevancia de la consideración de lo artificioso como peyorativo. Es tan artificial un entrelazado de hojas y tiras de corteza como el Saturno 5. La diferencia está en los grupos humanos que las abordan. De cada cual según su capacidad, decía Marx.

Pero el estrambote es lo mejor, y lo que más me estremece, porque lo que vemos de la investigación espacial como punto de partida para nosotros resulta para los amerindios un punto de llegada, como un círculo perfecto que se cierra, un proceso de continua transformación que llega al inicio convertido en un todo de posibilidades deseando manifestarse una vez más pero siendo al tiempo la primera y única vez. Hay un animal mitológico griego y egipcio, el Uróboros, la serpiente que se muerde la cola representando la naturaleza cíclica de Todo según nuestros antepasados clásicos, que no puede resultar mejor símbolo de lo dicho, de lo que este vídeo representa y hace sentir: el orgullo de ser humano. El orgullo de desafiarlo todo. El orgullo de soñar y arriesgarse fuera de los acogedores tentáculos de la tribu. Y si dibujar las arterias y los vasos me hace arder en Ginebra, eso mismo hará que no me olviden.

Puede que otro día comente alguna cosilla del campo Ganzfeld, del sudario de sudarios y de mis nuevas lecturas. Mientras, seguiré orbitando como hizo el viejo camarada hace 50 años.

Una brecha que comienza a medirse

Según a lo que uno se dedique, el mes de agosto puede ser un remanso de tiempo libre y varias lecturas o bien una etapa contrarreloj en que apenas pueden caber algunos (muy poquitos) libros-polizón. Si apenas hay tiempo para acercarse a la feria del libro de viejo en Méndez Núñez, no digamos llegar a leer. Son días de lector avaro, de robar horas o meros minutos al sueño para insuflar de vida el alma del uránida extraviado en nuestro siglo.

Una de las lecturas más extraordinarias del presente verano, de las que abren los ojos, ya fue presentada hace poco. Se trata de "Los bastardos de Voltaire", de John Ralston Saul, o de cómo la limitación del poder político dio paso a la creación de una casta de tecnócratas incapaces de solventar crisis (antes bien, deseosos de crearlas nuevas: el capítulo dedicado a por qué vendemos armas a nuestros potenciales enemigos es tan extraordinario que no sobra ni una frase). A ella debo adjuntar un texto muy reciente, del presente año, un estudio firmado por John Philippe Rushton, Jelena Cvorovic (disculpas por la grafía) y Trudy Ann Bons sobre las diferencias de cociente intelectual entre la población serbia y una muestra de 323 individuos pertenecientes a tres asentamientos gitanos del mismo país, y publicado on-line en inglés el pasado febrero. Para evitar protestas de los estudiosos ambientalistas, la búsqueda de ese factor diferencial (el factor g) se ha realizado insistiendo en las célebres matrices progresivas de Raven (posiblemente el test de factor g más afamado y reputado junto con el de Cattell). Las diferencias en capacidad intelectual entre la población eslava y los Roma (nueva manera políticamente correcta -es decir, pretendidamente aséptica pero en realidad muy oscura- de referirse a la minoría gitana) son impresionantes, siempre a favor de los eslavos.

John Philippe Rushton continúa la senda de los "herejes" Eysenck, Jensen, Christopher Brand y el dúo Herrstein-Murray al seguir insistiendo, con todos los datos a favor y toda la propaganda igualitarista en contra, en las diferencias de desempeño intelectual de las "razas", término tenido antes como anticientífico pero que los pesos pesados de la investigación del genoma humano -Cavalli-Sforza, Menozzi y Piazza- han clasificado en diez clusters étnicos. El brillante investigador anglofrancés, afincado en Canadá, posiblemente pase a la historia -o no- como revolucionario aplicador del binomio r-K de estrategia reproductiva a la especie humana. Según el r-K, existe una relación inversamente proporcional entre fertilidad y cuidado familiar de la prole. Es evidente que una mosca no se preocupa de sus hijos del modo que se preocupa un primate. También se da una relación, pero directamente proporcional en este caso, entre la abundancia de la prole y la rápida viabilidad del superviviente. Un pequeñísimo porcentaje de moscas llegan a imago o fase adulta, pero no necesitan socialización ni aprendizaje: en una hora se les han secado las alas, y a volar. En cambio, un gorila precisa de largos cuidados. La prolongación de esa atención -lo que llamamos infancia- hace nacer una gran novedad en la biología: el altruismo consciente, base de las futuras sociedades electivas. La aplicación del binomio r-K por parte de Rushton a la población blanca de Estados Unidos, a la amplia y postrada minoría negra, y también a la brillante minoría del Extremo Oriente -descendientes de japoneses, coreanos y chinos- muestra que los negros son más fértiles (la proporción de gemelos bivitelinos es mucho mayor que en blancos y asiáticos), sus bebés más rápidamente viables y precoces, y su desapego familiar respecto de la prole también mayor -aunque en este último aspecto lo social tiene gran peso, en mi opinión-. La superioridad negra en numerosos deportes vendría dada por sus caderas, más estrechas, debido -Rushton es un ferviente neodarwinista y defensor de la tesis "out of Africa"- a que los bebés negros tienen una cabeza más pequeña. Aquí llegaríamos a la clave: Rushton pivota su tesis en la capacidad craneal -medida por resonancias magnéticas-, las circunvoluciones cerebrales y el cómputo de neuronas corticales. En todos esos puntos, la minoría negra sale mal parada, ganando la partida la minoría asiática seguida de cerca por el grueso de población blanca.

Hay muchas cosas que discutir, desde luego, en un trabajo de campo que es también corolario de la gran obra de Rushton -"Race, Evolution and Behavior", de 1995, a la que estoy haciendo calas como a los melones-, escrito en esa lengua flexible, nítida y enamorada de los neologismos que es el inglés -con sinceridad, pensaba que mi nivel de lectura en ese idioma era menor-, y que ha sido para mí más refrescante que cualquier chapuzón en la playa (dioses, ni la he pisado). Tantas habría que discutir que al bueno de Rushton le han llovido críticos por doquier -también una querella por incitación al odio racial en su país de acogida-, más orientados a su pertenencia a Pioneer Fund que a su labor académica, olvidando el refrán que dice que la verdad es siempre la verdad, "la diga Agamenón o su porquero". En mi opinión, las tesis de Rushton -no se encuentra solo en el empeño- explican de un modo más o menos satisfactorio la abrumadora diferencia de desarrollo cultural entre los clusters étnicos, diferencia que ningún ambientalista ha conseguido desentrañar. Pero ésta es una guerra larga.

El hombre que escucha (II)

Una portada especialmente desafortunada ha traído de nuevo a la revista satírica "El Jueves" a primer plano de la atención mediática. Supongo que el lector lo sabe de sobra: una broma sangrante acerca del heredero a la Corona (institución tan discutible como indiscutiblemente constitucional y digna de respeto por ello mismo) conllevó entre otras cosas el secuestro judicial de la edición y, atención, del molde (supongo que para evitar la difusión por Internet de la famosa portada el juez Del Olmo -¿a que les suena?- habrá optado por "desenchufar" la Red: vivimos en el año 2007, Señoría) de la revista. Cuando la vi hace dos semanas me imaginaba una tormenta así. Y el caso es que el pobre Uránida se precia de ser lector habitual de la revista, que devora por el morro en El Universal -mi cafetería favorita, a dos pasos del trabajo- mientras toma café y demás combustibles para futuros viajes interplanetarios. Una de las secciones fijas es la de Lalo Kubala, en la que el dibujante dedica su tiempo a mostrar la "educación sentimental" de un desmañado joven de la transición, Palmiro Capón. Un día comenta qué películas veía, las marcas de tabaco que secretamente ambicionaba, los héroes pop de la época …. Espero no convertirme en algo similar (de todas maneras, mis personajes favoritos de la revista son el buen parásito Silvio José y el dúo destroyer Ortega & Pacheco) recordando cómo fue aquel 2002 en lo musical. Lo describiría como un chapuzón. Dejar de ver la superficie del movimiento indie (por entonces era lector sistemático de Rockdelux sin conocer siquiera la mitad de los grupos que allí se reseñaban) para adentrarse en sus profundidades entre volúmenes de líquido vital y sólo transparente mirando de cerca. Algo así era.

El año 2002 fue excepcional para nuestra música indie. Un lustro después no puede caber duda alguna dentro de mí. Las fotos en sepia de una década atrás se revelaban entonces en infinitos colores en el cielo. De entrada, el 2002 fue año de gloria para el sello discográfico Foehn. Los andaluces Ursula publicaban, a finales de año, una obra colosal que prácticamente no ha tenido continuidad, "Todo vuelve a ser lo que no era", que iba más allá del brillante y hondo sadcore de su debut del año anterior apostando por una apertura al indie electrónico a lo Hood con posos de música cinematográfica tan perfecto que parecía increíble (me lo sigue pareciendo). Otro discazo de aquella casa matriz algo dada a un ritmo narcótico de trabajo es "Todo sigue intacto" de tres chavales orensanos que apenas tenían 20 años de aquéllas, Ápeiron. Saliendo de la nada, te encontrabas con una maravilla de pop brumoso, clickeante e indeciblemente fresco (percusiones con cajas de cartón incluidas) para el que todavía no había etiquetas conceptuales dentro de la escena. A lo mejor estoy en la higuera, pero lo cierto es que no he vuelto a saber de aquellos rapaces. También destacaría los intentos -muy WARP- del dúo Polaroïde¬Strand, marcados por el atmosferismo idmista del primero y por la querencia más bien rítmica a lo Matt Elliott del segundo. Y, cómo no, el espléndido "El deuteragonista" de Tan Low, una joya olvidada que prefigura futuros discos notables de Ainara LeGardon y A A Tigre en esa misma línea un tanto terminal y desolada.

Por otros caminos, a destacar el debut -vivificante y denso- de los asturianos Lansbury (¡lástima que no hayan cuajado!) con su "The only thing that shines". Siguiendo por allí, Mus abrazaban un sonido más orgánico que entregas anteriores con su entrega para Acuarela "El Naval", a mi entender su obra maestra y un disco profundo e inagotable de intensísima fuerza poética. Todavía hoy, cinco años después, el dulce himno "Al debalu" me sigue poniendo la piel de gallina mientras siento que la sangre en mis venas quisiera detenerse. Otro asturiano de moda, el gran Nacho Vegas, ofrecía un EP -"Miedo al zumbido de los mosquitos"- de música más desnuda de lo que había sido regla en sus entregas del 2001, arrojando entre otras y como quien no quiere la cosa una canción excepcional, "En La Sed Mortal", que por sí sola hubiera bastado para recordarle (pero tiene tantas ….). Su novia de entonces, enrolada en Nosoträsh, formó parte de un jueguecito maravilloso llamado "Popemas". Estas cuatro chicas, que nunca habían sido santo de mi devoción, dieron a Elefant un cofre repleto de tesoros, pequeñas coplitas instrumentadas con un punto de magia cortesía del gran Ibon Errazkin. No esperaba tanta calidad de ellas, y de hecho no han vuelto a repetirla. Siguiendo con Acuarela a colación de Mus -se nos han colado muchos asturianines-, nos encontramos con un viejo amigo que por entonces seguía en racha. Sr. Chinarro, reducido a Antonio Luque, regalaba (es un decir) un EP de electrónica huraña, "La tapia de perejil", y una esplendorosa apertura a terrenos más pop con el LP "Cobre cuanto antes", repleto de joyas como sólo Antonio sabe aquilatar. Merece una mención el primer disco que editó Raül Fernández como Refree, "Quitamiedos", inferior a posteriores entregas pero muy interesante (no nos equivocábamos).

Intentaré no olvidarme de demasiada gente. "La Bohème" es quizá, junto con sus entregas de 1995 y 2000, el mejor disco de Beef, un abanico de kraut leve, power-pop emocionante, ramalazos canterburyanos y mil ocurrencias varias acorazadas por esa sensacional máquina de hacer rock que siempre ha sido la banda de David, Juanjo y Blas. En cuanto a los murcianos Schwarz, tocaron el cielo con su "Cheesy", en el que conviven en perfecta sintonía Danny Elfman, My Bloody Valentine y The Olivia Tremor Control, que ya es decir. Inolvidable obra dueña de una calidez y una cercanía raras de encontrar en Schwarz, muy dados al juego distante. En cuanto al post ambientalista, debería enmarcarse en oro el breve pero profundo "Egun bat nonahi" de Lisabö, devastador en su lirismo. Y, por ir pensando en rematar, eso fue lo que hizo Chucho con su proyecto "Los diarios de petróleo", ofreciendo dos epés finales que terminaban el lienzo comenzado el año anterior (se trataba de un disco doble que quedó abortado). Maravillas como "Cielos despejados" y "San Juan (Autista)" merecieron la espera. Mercromina, sus antiguos compañeros en Surfin’Bichos, ofrecieron con "Bingo" seguramente su mejor entrega, una obra densa y rezumante fruto del trabajo en estudio sobre fragmentos de canciones en vez de temas completos. El estudio en que se grabó, por cierto, era el Refugio Antiaéreo. ¡Cómo no iban a aparecer Los Planetas en este hilo! "Encuentros con entidades" es su obra más desigual -también es de las más osadas- pero alberga bellezas, como los once minutos de noche estrellada de "Dulces sueños" o la máquina imparable de "Pesadilla en el parque de atracciones". Súmenle la preciosa cara B "Política celestial" y el panorama planetero mejora ostensiblemente la mala impresión que en su momento me llevé. Alguna otra obrita maestra olvidada de aquel período …. "Boring & pretentious" de Felicidadblanch (suerte de grupo fantasma a medias entre Mishima y Songstore), que salvo algún patinazo conserva un delicioso encanto. O el brillante penúltimo intento en inglés de los colosales Standstill, "Memories collector". O la enésima lección de pop de unos La Buena Vida en racha con "Harmónica". O la perfección admirable de Polar en "A letter for the stars" ….

Grandes canciones quedan de aquel año. No puedo evocar el 2002 sin que vengan a mi mente "Cosas que es mejor no hacer" (picarona joyita de los madrileños Mirafiori, primera referencia del fugaz sello Annika, que presentaban una digna reedición de Family), "Behind the pose" (el himno pop-rock perfecto, a cargo de Second: ¿cuántas veces lo habré escuchado?), "La bella durmiente" (sublime homenaje a la fallecida Carmen Santonja de Vainica Doble, a cargo de Fernando Márquez y Antonio Galvañ bajo el nombre de Los Fantasmas Del Paraíso), "Somiatruites" (una rara genialidad del no menos raro Albert Pla, una nana con guitarra, ocarina y casi nada más aparte de su quejumbrosa voz, lo suficiente como para regresar a la niñez) o unas cuantas de Maga: "Swann", "Como nubes a mi té", "Dormido", "Primer vuelo" …. gemas de peso en un colosal debut en largo. Pero quizá, puestos a ser sinceros, me quedaría para siempre con "Aquel incendio", revisión a la larga con sonido fronterizo de "Arde" que Migala construyeron con pedazos de gloria para su "Restos de un incendio".

Digamos algo más para el cierre (admitiendo que seguro que me estoy olvidando de unos cuantos discos de valor). A menudo se considera que el rock y la electrónica, tanto en terreno patrio como allende fronteras, son como el agua y el aceite. A mi entender no es así, puesto que en ambos terrenos nos hemos puesto al día y estamos ofreciendo logros valiosos. Los indies deben alegrarse de la lozanía de la electrónica española, pues es ante todo un síntoma de que se están haciendo bien las cosas en todos los terrenos. Prueba de ello: el genial "Flying over Bañugues" de .tape, sinfonía de clicks’n'cuts e IDM melífera a la asturiana. Otra pieza imprescindible de aquel 2002.

Por entonces, Vacaciones le cantaban a la vida y a la felicidad sin explicaciones ni enredos en "Sonreír" (disco y canción): "nadie sabe por qué estoy aquí, es viernes para mí". Tan simple y tan sencillo. Por cierto, hoy también es viernes. Gracias, Dios, por la música. También por la música popular.

El hombre que escucha (I)

Mi afición a la música independiente nacional es relativamente reciente, e incluso podría fecharse a comienzos de marzo de 2002. Por entonces la revista barcelonesa Rockdelux editó un cedé recopilador de las mejores canciones nacionales del año anterior. Viéndolo con la perspectiva actual, aquel listado resulta algo pobre, pero en su momento produjo en mí un notable impacto, de manera que estuve varias semanas dándole vueltas. Posteriormente, fui quemando etapas velozmente hasta llegar a tener una somera idea de nuestra realidad indie; de igual manera, hice un poco de detective de todo lo anterior, de cómo habían cambiado las cosas, de cómo en el panorama rock nacional -tan rocanrolero, facilón y macarrilla- se habían colado grupos de sonido misterioso y enredado, a menudo cantando en inglés y sintonizando casi plenamente con el entorno internacional. Así como grupos españoles presuntamente punteros de los 80 reivindicaban a Marc Bolan (muerto en 1977, cuando llevaba ya un lustro de decadencia), al infame hard/heavy setentero y no digamos a la estafa del punk, de repente aparecen en los futuros puntos claves del indie nacional (Asturias, Andalucía, País Vasco …. en menor medida Madrid, Mallorca y Cataluña) un centón de bandas que están sobre la pista de Slowdive, Mercury Rev, My Bloody Valentine e incluso Slint, pero también sobre la de American Music Club, Galaxie 500 y Mazzy Star. Antes eso era impensable.

Hay mucha tela que cortar sobre nuestro indie, de modo que más de una vez reincidiré en el tema (no hay más que ver que le he dedicado una i latina al epígrafe: habrá más). Ahora estamos inmersos en el año 2007 (mi época ni fue el 93 ni el 77 ni el 67, pues mi época es siempre la actual), con cierta sensación de crisis que a buen seguro será imaginaria, pues desde que puedo afirmar que entiendo algo de indie nacional siempre he pensado que vendría una crisis que daría al traste con el movimiento (no me gusta hablar de escena indie, se trata de una idea desgastada que los propios indies rechazan). Esas presuntas crisis siempre han sido salvadas por el talento y la pujanza de los creadores de música. A menudo hay malos años tras un bienio o trienio cosechando grandes obras (desde el 93 hasta hoy, quizá el año más huérfano de obras maestras sea 1999, toda vez que los grandes creadores de los años anteriores se dieron un respiro), pero son meros baches: la marcha del movimiento no se detiene sino que se enriquece, dejando atrás lo superfluo y manteniendo la tan preciada sintonía con el exterior. Desde 1999 -fecha de crisis general en el rock mundial, con la decadencia clara del post y del math, y la irrupción desaforada del free folk de nuevo cuño, en el que sobreabundan los discos huecos- hemos vivido una edad dorada que resulta, a mi entender, superior a la primera edad dorada del indie, la que va del 93 al 98, la que abren los "nuevos alemanes" -Beef, Medication, Superelvis, Cancer Moon, Eliminator Jr y los mallorquines-, los "nuevos anglosajones" -Penelope Trip, Parkinson DC, Sr. Chinarro, Maddening Flames, Usura y Los Planetas- y los "nuevos franceses" -Le Mans, El Joven Bryan, Family, La Buena Vida- y que se cierra cinco años después con muchos de estos grupos feneciendo, ya muertos o en fase de crisálida hacia no se sabía dónde aún. En esta nueva edad dorada, debemos agradecer al indie monumentos al pop más delicioso -cortesía de Pauline En La Playa, Nosoträsh y Cristina Georgina-, diálogos portentosos con la herencia musical recibida -Migala, gran parte de Schwarz, casi todo Polar y el irrepetible primer disco largo de Maga-, una arrolladora frescura en el rock de guitarras -gracias, mil gracias a Standstill, Coconot y Nueva Vulcano por sus extraordinarios discos-, brillantez en la indagación en la electrónica -Strand o .tape un punto por encima-, una nueva escena folkie especialmente interesada en la construcción de canciones y en las atmósferas contrastadas, la plena madurez de los veteranos ….

Ahora bien, de este presente 2007 no se puede decir que me esté pareciendo tan excepcional como otros años de la actual década. Y en ello posiblemente tengo yo la mayor parte de la culpa. Años atrás, debido a mi participación en un foro de opinión musical bastante exigente e interesante, procuraba esforzarme estando siempre al día y buscando meticulosamente tanto novedades como joyas ocultas. Hoy en día, me he ahorrado el esfuerzo en buena medida. Pero ¡estamos en agosto!, tengo todavía unos meses por delante para saber qué diantres me estoy perdiendo. Eso sí, con la debida ausencia de perspectiva temporal, ya me estoy formando una idea de por dónde están yendo los tiros en este año. Y me equivocaré nuevamente.

Este 2007 ha dado lugar a algunas decepciones. Muchos esperábamos como agua de mayo el primer largo de El Hijo, algo así como una obra maestra póstuma de Migala. Y no ha sido el caso. Sencillamente, Abel se toma su tiempo, su propuesta creativa bien poco tiene que ver con la de la gran banda matriz y componer en castellano quizá le cueste un poco todavía (también le pasaba a Refree al principio, toda la vida en inglés …. y no tardó en brindar discos excelentes). En cuanto a Schwarz, su rock cósmico a la alemana no sólo se queda en un puro artificio (los krautónicos de los setenta vivían en su música una ariosofía confusa y delirante, pero por lo menos contaban con una ideología que daba sangre a sus golems) sino que hace añorar los tiempos transparentes y dulces de "Cheesy" (2002), su obra mayor. Se puede decir casi lo mismo de unos recién llegados que han levantado una polvareda exagerada, Estrategia Lo Capto!, tan apelmazados y faltos de matices -¡a que en dos años me trago mis palabras!- como los murcianos. Otros veteranos que han regresado, pletóricos de ganas y energía, son Lagartija Nick, con su galáctico "El shock de Leia". Como siempre me pasa con la banda de Antonio Arias, me tomaré mi tiempo, pues si bien tiene algunas canciones fenomenales -por ejemplo "20 versiones", de las mejores de lo que va de año- vuelvo a necesitar perspectiva, para adivinar si se trata de un mazacote como los lejanos "Hipnosis" e "Inercia" o bien una obra de la talla de la magnífica "Lo imprevisto" (2004). Ya hablé de Fernando Alfaro en mi blog hace un par de meses o más, con la ocasión de "Carnevisión" junto a Los Alienistas, resultándome un disco algo amortiguado y "poco currado" -si lee esto, me mata-, como hecho para sus crías. En cuanto a su colega Joaquín Pascual, sigue en lo mismo con Travolta, nanas mínimas y dulzonas con guitarrita a las que enfunda vistosos ropajes de pop atmosférico. Eso hizo con casi todo el último disco de Mercromina y coló, vaya si coló.

En cuanto a otras ya visitadas en este hilo, las primitas Prin’La’Lá, sólo decir que su disco me gusta y me alegra, cura heriditas …. y hace olvidar el último patinazo de Fernando Vacas, creador tan notable como disperso. De paso, también uno olvida el algo decepcionante segundo -y larguísimo- disco de Limousine. Bonitas y bellas. Sus momentos atmosféricos como de film de terror baratoide me permiten traer a colación otro delicioso hallazgo, Gran Aparato Eléctrico, banda instrumental con notable poder de sugerencia a partir de sonidos "concretos" y nítidos. En fin, teniendo en cuenta que Los Planetas han sacado un discazo que parece perseguirme desde el principio de los tiempos, ya doy por bueno el 2007, el año de "Si estaba loco por ti", "Ya no me asomo a la reja" y "Entre las flores del campo". Reincideremos en el tema.