Vulneración del protocolo de campo total y demás ambientalismos
A menudo los europeos se toman a rechifla el indómito optimismo estadounidense, ejemplificado con frecuencia en Walt Whitman y Ralph Waldo Emerson, o bien en asimilados simpatizantes (de Friedrich Hayek a Ayn Rand), y calificado de ingenuismo propio de gente inculta. En Europa, evidentemente, hemos tenido secularmente medios mucho más cultos de solución de problemas: quemas de brujas -una de cada tres francesas lo era, según el Roman de la Rose-, procesiones de santos para que llueva, estudios concienzudos del hígado de cabras o de aves …. Se supone que estoy siendo sarcástico, claro.
La inteligencia humana es polifacética, tiene un álef de rostros, tantos como humanos son posibles, y eso tirando por bajo. A aquellas habilidades de nuestra mente que facilitan un mejor desempeño profesional y de relación social alguien le dio hace década y pico el nombre de inteligencia emocional. Me estoy refiriendo, como es de suponer, al psicólogo californiano Daniel Goleman -nombre de indudables resonancias ashkenazis, como el de tantos especialistas en la salud mental, la dicha y el amor, ejem-. Se me está cayendo de las manos La práctica de la inteligencia emocional, la que fue continuadora de su best-seller. Creo que casi todo lo que afirma en el libro ya se dijo en tiempos preilustrados y con mucho más talento (sin ir más lejos, en el Oráculo manual y arte de ingenio del agudísimo jesuita Baltasar Gracián, uno de los mejores libros que he leído nunca …. y ya hablaremos cuando decida aplicar algunas cosillas a mi vida). Pero lo que más detesto del libro de Goleman es el igualitarismo que late debajo de sus renglones. Goleman tiende a despreciar las pruebas de CI y la pericia técnica en favor de otras cualidades intelectuales a la hora de brillar en el puesto de trabajo así como de conseguir promocionarse (naturalmente, Goleman achaca los pobres resultados académicos de la minoría negroide estadounidense al prejuicio …. prejuicio que no parece regir a la hora de los resultados de los descendientes de japoneses, coreanos y chinos). Es la conclusión lógica de un ambientalista: aunque el CI es en buena medida flexible, se distribuye poblacionalmente en campana, y la habilidad técnica es evaluable según baremos y no a ojo de buen cubero. No obstante, podría decirse que un optimista siempre aspirará a enseñar asertividad, pensamiento creativo y espíritu de equipo a cualquiera, incluso al más melón de sus educandos.
El igualitarismo me parece una doctrina peligrosa -todos los igualitarismos en general, a excepción del que se da ante la ley, reflejado entre nosotros en el artículo 14 de nuestra Constitución, si bien referido solamente a los españoles- pues olvida las claves de la realidad. A lo mejor no hace falta un gran CI para llevar correctamente una oficina …. pero sí hizo falta para diseñar y perfeccionar tanto el software empleado en el trabajo diario como el propio ordenador utilizado. Hizo falta para que el oficinista llegue a edad adulta vacunado. Para que pueda desplazarse en automóvil. Para que pueda hablar por teléfono, sentir el aire acondicionado o escuchar el hand-shaking del fax.
Una vez leí a Gonzalo Fernández de la Mora -uno de los pensadores más grandes que tuvo España el siglo pasado, pese a quien pese- que si se suprimiera mentalmente la existencia de un millar de hombres, regresaríamos a las cavernas. ¿Exagerado? Pregúntenle a Goleman. Bueno, mejor no.
