Tiempo …. el suficiente

Tras un post como el de ayer, que no pretendía remedar el juicio contra Dios que en su momento ofició Lunacharsky, volvemos a los corrales.

Hoy me he sorprendido haciendo un cálculo tan sencillo como influyente en mi vida. El experto en marketing Keith Ellis hizo una afortunada distinción entre tiempo "vertical" y "horizontal" en un librito de motivación para vendedores en que explicaba su método, comprimido en el acróstico LAMP (lock on, act, manage, persist). He de decir, por una parte, que detesto los libros de autoayuda; y, por la otra, que esta práctico opúsculo de Ellis no pertenece a tal subespecie, pero vayamos al grano. Si una grieta amenaza la ruina de un muro, sería absurdo dedicarle media hora cada día durante un mes para arreglarlo: más bien, se está un día entero para solucionarlo de urgencia; si uno quiere aprender a manejar el Contaplus, un poner, no se tira un día entero seguido sino, probablemente, media hora durante un mes. Es la diferencia entre tiempo vertical -intensivo- y horizontal -extensivo-.

Claro que lo referente al tiempo puede aplicarse a otros caudales fungibles: el dinero, sin ir más lejos. Hoy recordé que hace más de un año que no entro en un bar donde iba un par de veces a la semana, más o menos, a tomar café o bien una caña acompañada de un par de tapas. El dueño me caía mal, le decías "buenos días" y no respondía, como mucho te miraba con expresión catatónica, pero de todas maneras me dejaba caer por allí, pues tenían media docena de periódicos, estaba al lado de casa y las tapas eran sabrosas. Bueno, pues un día me acercó un café a mi mesa, cayéndosele el azucarillo a mitad de camino. Lo recogió del suelo -hasta ahí todo bien- y, pasmo, lo puso de nuevo junto a la taza y la cucharilla. Ni que decir tiene que no volví desde entonces. Eso fue en mayo del año pasado. Por eso, mientras hoy devoraba pinchos en el Lizarran que tengo cerca -a menos de 100 metros del malhadado bar- mi mente fue haciendo el cálculo de lo que dejé de gastar allí, lo que jurídicamente llamaríamos "lucro cesante". Ese cálculo arrojó la cifra redonda y bonita de 300 euros. 300 euros que el citado personaje, gracias a su agudeza mental de enano de jardín, dejó de ganar. En resumidas cuentas, eso sí que es una señora venganza, y solamente aplicando eso que los estadounidenses llaman "votar con los pies".

¿Recuerdan la parábola del grano de mostaza? Crúcenla con la fábula de la lechera fantasiosa y a ver qué sale. Muchas veces los grandes acontecimientos tienen orígenes ínfimos (como nos contaban de niños -ahora seguramente no será así-, el caballo mal herrado de don Rodrigo dio con éste en los suelos y, con él, la España visigoda: todo por la impericia de un herrador adicto al "efecto mariposa"). Sin ir más lejos, la historia norteamericana, desde la misma rebelión del té, nace de granos de mostaza de los que no está nunca lejos la delincuencia organizada. ¿Cómo se mantiene un país así, cómo es que no se hunde? Eso es lo grande de Estados Unidos, supongo. Al igual que la Roma imperial, el gran aparato de poder no se venía abajo a pesar de la mediocridad de muchos de sus presidentes: del desequilibrio mental de Wilson y Reagan hasta la corrupción de Kennedy y Clinton, pasando por la ausencia de ideas de Carter, el nulo sentido estratégico de Eisenhower, el carácter de títeres de los Bush o la absoluta bajeza moral de F. D. Roosevelt y Truman, éste último uno de los mayores asesinos de la Historia, un judío vendedor de camisetas aupado al Senado por la mafia de Kansas City. ¿Por qué el sistema sigue funcionando? Es un misterio pero, al menos, sabemos que hay un sistema detrás de los presidentes. A ver si recuerdan ustedes la primera alocución de cada presidente in pectore de los USA: junto a él, que ha sido elegido por los compromisarios, aparece siempre una segunda persona que nadie ha elegido y que ejercerá el cargo de eminencia gris. No es que me llame la atención la presencia de una eminencia gris, sino que a las primeras de cambio tenga el virreinato en sus manos, al modo del célebre "tapado" de cuando los buenos tiempos del PRI -buenos tiempos para ellos, no para los mexicanos-.

 

No sé qué opinará Mjölnir sobre todo esto. Le preguntaré.

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