El inventor del hambre
Ha muerto Juan Antonio Cebrián, el señor que me enseñó a amar las madrugadas. Tenía pensado meterme con los años 80, aquella época horrible en que cada cancioncilla pop tenía, tras el segundo estribillo, un postizo solo de guitarra o de saxo, los años de los temibles Steve Guttenberg y José Sacristán (ya saben, el comprometido progre rojeras que rodó "Vente a ligar al Oeste" y "París bien vale una moza" en tiempos del tío Paco). También había pensado en una ucronía de Mjölnir inspirada en una lectura reciente. Pero ahora no tengo fuerzas, o ganas, o resuello.
Lecturas de estos días:
-Las Sátiras de Persio.
-The economics of innocent fraud, John Kenneth Galbraith.
-Aurora, Friedrich Nietzsche.
-Tratado de ateología, Michel Onfray.
-Trenes rigurosamente vigilados, Bohumil Hrabal. Y
-Principios básicos de aprendizaje, Roger M. Tarpy.
Nos leemos pronto, con un post de mayor aliento. Nunca te olvidaré, Cebrián.
