Los doce trabajos (VII): la crónica ucrónica de Mjölnir

"En aquel tiempo -me dijo Mjölnir- Saulo de Tarso atravesó la puerta de Damasco para poco después enloquecer. Su pista se perdió. Ninguna nueva secta hebrea llegó a Roma ni a Atenas ni a Alejandría ni a Éfeso. El gran judío de la época, el que dio nombre a aquel siglo, fue Filón. Durante los siglos siguientes, apenas entorpecidos por su historia convulsa, el Imperio vivió un continuado avance en el pensamiento, las ciencias, las obras públicas y la higiene generalizada. Quizá el logro más espectacular, fruto de la ausencia de oscurantismo religioso -el paganismo agonizaba entre las capas más bajas del pueblo y ese "hueco" no había sido sustituido por nada, a excepción de algún extravagante culto egipcio-, fue la aceptación general del modelo heliocéntrico de Heráclides Póntico y Aristarco de Samos. Ello tuvo unas consecuencias fundamentales: la predicción de eclipses y de paralajes de las constelaciones doblegó a los medrosos jefes bárbaros, las expediciones navales más allá del Mar del Norte -basadas en los nuevos conocimientos sobre la esfericidad terrestre- sembraron el pánico entre los escandinavos dando sensación de la omnipresencia e imbatibilidad de Roma, y un grupo de estudiosos de los elementos de la Naturaleza pertenecientes al círculo de protegidos de Hipatia dio con el hallazgo definitivo: la fórmula de la pólvora. Atila fue completamente derrotado; más allá del Danubio, aceptó un rango similar al de los antiguos procónsules. La combinación de incursiones terrestres con un bloqueo naval jamás visto hasta entonces arruinó el peligro sasánida. Roma se había librado de enemigos. Años después, descubriría nuevos territorios al este y circunnavegaría el planeta.

Las relaciones con los pueblos orientales han sido desde entonces relativamente pacíficas, sujetas a un protectorado mercantil suavizado con el tiempo. Actualmente el antiguo Imperio Celeste está helenizado por completo. El descubrimiento del motor de explosión supuso algún roce con los hospitalarios jefes tribales de la feliz Arabia, resuelto gracias a la minoría hebrea de La Meca; actualmente los árabes siguen con su castizo politeísmo, su adoración de los aerolitos y su vida refinada y sencilla. Su carácter de vecinos de la Gran Roma no les ha cambiado mucho, y explicaré por qué: en el año 1312 ab Urbe condita el concilio del Serapeo decidió que los pueblos atrasados deberían ser respetados en su forma de vida. Las necesidades materiales de la Gran Roma están ya colmadas, y las que irían surgiendo siempre han sido satisfechas con el progreso técnico y humano. Así, los pueblos negros y cobrizos de otras latitudes mantienen sus atrasados modos de existir. A ello no es ajeno el exponencial desarrollo de las ciencias del cerebro en la Gran Roma y la ausencia de culpabilismos antirracistas: la Naturaleza es intensamente variada y debemos entenderla, incluida la humana. No fue fácil vencer la presión de los oportunistas que veían en esas tierras vírgenes un enorme negocio, pero …. ¿qué mayor negocio que el Espacio Exterior? Tal día como hoy, amigo Uránida, celebramos que en el año 1460 a. U. c. el prefecto nauta Cayo Séptimo Pontífice pisó la superficie de la Luna. Todo el espaciotiempo de Hiparco de Brigantium vibra de felicidad recordando aquellos pasos pioneros. Te mando mi más cordial saludo de amigo."

Bienvenido nuevamente, querido Mjölnir. Ésta es tu casa.