RESET

Ése es el neologismo que me acompaña desde anoche, desde las altas horas de la madrugada. Lo visualizo, sobre fondo blanco o en un parpadeante monitor. El recurrente y simple primer ladrillo en pos de la emancipación, de la vida. Una frase leída en un pdf anónimo va y viene, "sin civilización, reina el caos ….", es un lugar común, sí, pero la termina así: " …. y el sufrimiento se hace crónico". Uno puede irse de su nicho biológico, de su hábitat, de su país, e incluso algunos uránidas han visitado -y vulnerado- en el último medio siglo la órbita terrestre, pero ¿cómo escapar de la propia vida? Imposible desertar de la vida. Ni siquiera muriendo, pues para irse hace falta "ser fuera de", el significado etimológico de existir. Siempre habitaré mi vida. Eso sí, dependerá de mí cómo habitarla: en precario, en usufructo, (sub)arrendado o en plena propiedad.

Es célebre el momento en que Abderramán III cuenta los días dichosos de su vida para concluir: "no llegan a catorce". ¿Cuántos días dichosos he tenido durante este 2007? Últimamente no muchos -y se ha notado en la falta de creatividad a la hora de nuevas singladuras de este blog: hacía casi dos meses que no escribía, y eso es demasiado para quien gusta de escribir-. Llega la esperanza de un año nuevo, una laica renovación de los Cielos y de la Tierra, ciertamente necesaria a tenor de la tendencia última mía de encontrar en canciones depresivas más de un punto de contacto. Sí, claro, en el 2008 ataremos los perros con longanizas. De todas maneras, la visualización de RESET me hace pensar que ese purificador 2008 ha comenzado, "como ladrón", colándose de rondón a las tantas de la madrugada. En el breve interludio, ha sido asesinada Benazir Bhutto.

Esperaremos más noticias así en el 2008. Mucha gente se preocupará porque este planeta, que camina hacia una nueva glaciación, pudiera improbablemente calentarse unas décimas de grado las próximas décadas mientras vivimos en el pico de extracción petrolera mayor de la Historia. Dentro de dos décadas, veremos cuánto debemos a los tecnócratas del desastre de Occidente, dependiente de una energía fósil que declinará en un bienio, que tiene todos sus sectores estratégicos de producción lejos de sus fronteras, para "abaratar" costes, que permite la circulación de una inmensa cantidad de dinero anotado en cuenta sin relación con la riqueza real, que vende armas a sus enemigos (y hasta les financia la adquisición) y que ha importado ejércitos de inmigrantes sin cualificar para que los salarios pagados en agricultura, construcción y hostelería sigan en los niveles de hace una década aun a costa del riesgo de un mestizaje que hunda el CI medio europeo, imprescindible para sostener la competencia tecnológica. Justo lo contrario de lo que una correcta estrategia geopolítica aconsejaría.

El fantasma de Leo Strauss sigue recorriendo Occidente. Feliz solsticio invernal, con un par de días de retraso, para quien esto lea.