El agit-prop en imágenes

La televisión no muestra la realidad. La televisión miente. Los creadores de contenidos televisivos mienten. Mienten y callan lo importante, lo que podría salvarnos. Presentan como normal lo anormal, como portentoso lo banal, lo manipulado como puro. En palabras de Guillaume Faye, autor del sencillamente imprescindible "Arqueofuturismo" (el libro y la idea), el chiringuito mundialista que desde los media se nos ha venido vendiendo se caerá por su propio peso, pues su límite no es ya de imprecisión político-ideológica sino puramente físico. Es un mundialismo que no existe salvo en la facilidad de unos cuantos para hacer fortuna vendiendo humo. El mundo no es plano, Tom.

Veamos. Un señor que es productor musical de cierto peso tiene en stock una cancioncilla que podría llevar el título provisional de "Umbrella". La letra es una bobada para adolescentes enamoradas que escribió un oscuro dúo pero puede entrar como relleno en el disco de alguna estrellita. Así, intenta colarla en el regreso de la infumable Britney Spears, pero ya tiene el tracklist completo. De rebote, cae en manos de otro productor, identificado con el mundo del hip-hop, que ve posibilidades de modelar la memez del paraguas al estilo arqueofuturista -pero en lo musical-. Así que la convierte en el mascarón de proa del lanzamiento a lo grande de un nuevo proyecto de estrella, la mulata barbadesa Rihanna, quien no sólo es muchísimo más guapa que Britney Spears (tengo mis ideas sobre las diferencias entre clusters étnicos pero no soy idiota ni me falta el buen gusto) sino que da el pego perfectamente: en el celebrado vídeo-clip, esta semidesconocida chavala aguanta con matrícula de honor el reto de parecer una superdiva mundial. De todas maneras, resulta evidente su carácter de producto, de obra de productor: el soul radiable para la audiencia negra, las bases nítidas (el ritmo me recuerda a una canción de Australian Blonde, "Slow down"; rizando el rizo, y ya en La Costa Brava, Fran le dedicó una canción a Beyoncé: huelga decir que en "Umbrella" enredó Jay-Z) y los subidones de cuerdas simuladas para la audiencia blanca.

Que el éxito de esta estilizada y bellísima platirrina de ojos verdes se debe a que su single capital (es decir, canción + vídeo) es perfecta alegoría de la mundialización en su sentido más propagandístico, más domesticado, más comercializable. Otro producto prefabricado señaladísimo de la música comercial del pasado 2006-2007, en este caso de origen español, Soraya Arnelas, al ser una revisión chunda-chunda de una serie de espantosas canciones de los 80 no sólo tenía menos gracia sino que además limitaba su interés emotivo al público blanco, por muy bella que fuera también la extremeña.

Lo que mejor caracteriza al mundialismo es su corrección política. Es decir, su oscuridad conceptual. No hay en el mundialismo claridad alguna. Si lo que se pretende es alabar una situación geoeconómica en que todos comercian con todos y parece que el mundo se ha empequeñecido (parece, digo) y relajado las fronteras, creo que el momento en que más cerca se estuvo de ello fue en los años previos a la Primera Guerra Mundial, lo que creo que no se le escapa a quienes conocen ese período. De lo que desde luego no se trata es de reflejar ningún tipo de realidad. Salvo que uno considere que la realidad consiste en un ente híbrido cambiando de paisajes apocalípticos y de modelitos "fóllame", por estremecedoramente bello que sea tal ente. Salvo que uno considere que el futuro es Barbados, un peñasco enriquecido por la ausencia de preguntas. Salvo que uno considere que de los media se aprende, aunque sea mediante pildorazos de agit-prop que tienen como lejanas fuentes cinematográficas la manipuladora escuela soviética del montaje creador y el apelmazado culto a la personalidad de los documentalistas nazis. Por algo la idea de esta nueva Europa de los mercaderes nació no en los esfuerzos de reconciliación posteriores a 1945 sino bastante antes, en el think-tank de Goebbels (una gran lectura al respecto: "La fuente impura" de John Laughland). Termino esta entrada con unas cuantas preguntas enloquecidas correteando por mi mente como niños jugando al tú la llevas. Sí, está lloviendo, Rihanna. Y el gran aguacero no tardará. Como el tsunami que devorará la civilización blanca en "La última ola" de Peter Weir, el último maestro cinematográfico de mundos en colisión. Entérate, Kagan.

Tiempo de eclipses

Ya es oficial, el camarada Mjölnir tiene blog propio: losnuevosmandarines.blogsome.com (espero que así deje de importunar al bueno de Uránida al menos durante una temporadita …. y eso que debo admitir que al camarada no le faltan ideas que hacer fluir allí para solaz o enfado de quien quiera leerle)

Quienes estábamos despiertos anoche, madrugada del 20 al 21 de febrero, asistimos a uno de los más bellos espectáculos del Universo: un eclipse. Bello, por su impecable geometricidad. Espectáculo, porque sólo cabía verse. Del Universo, porque la universitas rerum está legislada silenciosamente (silenciosamente para nosotros, claro, pues todo el Cosmos está en vibración). El cono de sombra de nuestro planeta-cuna atravesó Selene con parsimonia hasta conseguir una máxima ocultación cerca de las cuatro de la mañana (GTM, ojo). Cuando ya se oían los gorjeos de los pajarillos en Méndez Núñez la Luna volvía a resplandecer en plenitud; antes, lo poco que se veía de ella recordaba por su irrealidad a un dibujo para una portada de grupo prog, con su color rojo teja (la refracción de la luz solar en nuestra atmósfera) y la corpórea nitidez de su amortiguada aura. La "vida" imita al "arte".

El color rojo tiene su aquel para los uránidas. Hubble constató que las galaxias observadas por él viraban precisamente a rojizo. El efecto Doppler ayudó a entenderlo: ese tono rojizo se debía a una longitud de onda característica de los objetos que se alejan del espectador. Todo lo existente se aleja de un punto primigenio, codificado vulgarmente como Big Bang.

Eso era impensable para el bueno de don Quijote, quien hablaba del Sol y de la Luna como "luminares mayores" a un pobre pastor que pronunciaba "eclipse" como "cris". Se trataba, debo decirlo, del típico recurso humorístico que Cervantes empleó para el primer libro dedicado al ingenioso hidalgo (por el contrario, la segunda parte es mucho más profunda, más dolida y más emocionante).

 

No ha sido el único eclipse de la semana. Un personaje de granguiñol llamado Fidel Castro Ruz que de no haber sido hijo de emigrantes estaría ahora haciendo cola en Caixa Galicia con la cartilla azul en la mano (o no, vaya usted a saber) ha dicho de manera fina y burocrática que no está para lo que estaba. Lo suponíamos; ahora falta conocer el curso de los acontecimientos de los próximos meses. Cuba vive en quietud parmenídea a ojos de un observador superficial. Pero la vitalidad que ha demostrado desde hace décadas el exilio de Miami apunta a que, a la hora de mover la realidad cubana, no faltarán palancas. De todas maneras, no ha sido menor el eclipse intelectual de tanto castrista vergonzante en la prensa nacional: resulta increíble, pero hay gente que continúa manejando las desteñidas ideas de los años sesenta, ajenos a la forja del sistema corporativo en que vivimos, a las crisis energéticas y a los cambios geopolíticos experimentados. El razonamiento sería así: Castro no, que no había libertad; pero la "americanización" tampoco, pues Cuba es rara avis en el Caribe por sus presuntamente altos estándares de educación y sanidad (se los pudo permitir durante el apoyo soviético, equivalente a más de tres veces el total del Plan Marshall, y los puede mantener ahora que Venezuela -quiero decir el tío ése que no voy a nombrar- le regala petróleo para que a su vez lo venda).

A menudo olvidamos lo esencial. Cuba es un país profundamente africanizado. La hibridación de caucasoides con negroides es el paisaje humano característico de la Cuba actual. Eso se refleja, evidentemente, en el puntaje de CI medio poblacional: 85. Un mundo por debajo de los países desarrollados. No voy a insistir en ello, toda vez que Lynn y Vanhanen han dejado el tema no exhausto pero casi con su imprescindible obra maestra IQ and the wealth of nations, pero lo normal -lo esperable- es que Cuba termine desempeñándose más o menos como la República Dominicana, otro país de mulatos cuyo CI medio poblacional es de 84, y por debajo de Costa Rica, el país más próspero y saneado de Centroamérica (mayoría de población blanca y un CI medio de 91). Eso sí, siempre por encima de Haití, nación casi enteramente negra, de CI medio de 72, un pozo de pobreza, corrupción y sufrimiento humano cronificado.

Las demás consideraciones -la reforma política, la estrategia de inversiones públicas, qué sectores son estratégicos y cuáles no, si debe haber crucifijos o pósters de Pikachu en las aulas de enseñanza- serán importantísimas, pero se revelan secundarias. ¿Que soy un determinista? Acerque usted la mano a una hoguera. Notará dolor y retirará la mano. ¿Es eso determinismo?

Esta noche tenemos nuevo eclipse a la vista. El eclipse del discurso inteligente, de la sana confrontación de puntos de vista, de la diferencia ideológica sana. Comienza la campaña electoral en esta nuestra plutocracia de dos partidos bastante parecidos a pesar de lo que querrían hacernos creer una tropa de defensores de Zapatero que van de progres pero tienen mansiones con mucamas y viven de la subvención. El sueño de Gramsci: que los "intelectuales" no critiquen al Poder. Al contrario, que lo apuntalen, que lo mimen, que babeen ante él.

Los intelectuales orgánicos y los nuevos mandarines, todos ellos mentes huecas pero muchos riñones cubiertos, comandan un eclipse más duradero, en el que vivimos y que se desgaja en colores tan irreales como el teja que teñía la Luna ayer.