Aún están abiertos los colegios electorales (”si me queréi, irse”)
Independientemente de cómo se zanje el resultado de las elecciones generales que se están celebrando hoy, las grandes cuestiones seguirán pendientes. Muchas de ellas, quizá las fundamentales, fueron expuestas por Mjölnir hace meses en forma de decálogo en este mismo blog. El bueno de Mjölnir acertaba, a pesar de su ingenuidad. Hoy en día la situación está un poco más escorada hacia la crisis.
A mi entender, la legislatura del "talante" (habría qué ver, antes de nada, de qué tipo de talante se trata) ha sido tiempo perdido para España. Tiempo perdido y un paso atrás. Tiempo perdido porque cada posibilidad de reforma política es un mundo que puede abrirse esplendorosamente para nosotros, si se hacen las cosas bien. Un paso atrás, porque en nuestro seno nos hemos permitido introducir elementos que restan en vez de sumar.
A día de hoy, España carece de una política internacional clara y definida. Al contrario que en tiempos del franquismo (atlantismo, cercanía del mundo árabe, flexibilidad para con el viento de la Historia -véase el caso de Guinea Ecuatorial, entregada "de dulce" para los guineanos aunque se la quedó Macías-), los bandazos de las últimas décadas han terminado dando con España en una tierra de nadie que nos convierte en irrelevantes. Hemos pasado de formar parte del desesperado plan estadounidense para asegurarse el control del crudo que no culminó con la caída de Saddam Hussein a la postmodernidad de la "alianza de civilizaciones". Esta idea, carente por completo de contenido dogmático y orgánico, además de apoyada más que nada por políticos impresentables del mundo ancho y ajeno, parece una especie de redacción de alumno ESO inflada con retórica bastarda. Por otra parte, resulta pasmoso cómo se ríen de nosotros los nuevos mandarines hispanoamericanos. Unos años 90 imperfectos pero esperanzadores en el continente castellanohablante han hecho pasillo a una colección de populistas sin la menor idea ni de economía ni de pensamiento político ni, mucho menos, de moral. En cuanto a la sensación de debilidad que mostramos ante Marruecos, mejor dejarlo para otra ocasión. Pero que no se nos olvide: Marruecos es nuestro enemigo natural. Marruecos ambiciona nuestras plazas de soberanía, nuestro archipiélago canario, nuestra llave del Mediterráneo, nuestra prosperidad. Dudo que haya en el mundo dos países limítrofes con mayor diferencia de renta per cápita que España y Marruecos; asimismo, dudo que haya en el mundo dos países limítrofes con mayor diferencia de cociente intelectual medio poblacional.
En cuanto a esa necesaria autosuficiencia energética que parece interesarnos tan poco, España continúa con la tendencia de las dos últimas décadas de estar cada vez más "colgada" de terceros países. Antes de la llegada del infausto Felipe González a la Moncloa, el 65% de la energía que consumíamos venía del extranjero. Ahora superamos el 80%. La alternativa nuclear parece totalmente aparcada, síntoma de cobardía y de falta de ideas de la casta política.
Ya que hablamos de casta política …. en 1978 se abrió una caja de Pandora de consecuencias más que previsibles. Dos "comunidades autónomas", las regiones de Cataluña y País Vasco, dominan el escenario político nacional desde, por lo menos, 1993. De entrada, supone un desequilibrio de peso político que escandalizaría a cualquiera, y más teniendo en cuenta que esas dos regiones están perdiendo calibre a nivel nacional. En tiempos tardofranquistas, Cataluña y País Vasco eran sinónimo de prosperidad y oportunidades para los demás españoles; actualmente, son regiones en crisis. ¿Cómo ha podido ser que un partido tan pequeño y carente de ideas brillantes como ERC haya mangoneado tanto? Los últimos años de la política catalana han sido un puro esperpento, con o sin Carmelo.
La cohesión nacional forjada tras vendernos una "historia rosa" de la Transición ha sufrido otro golpe no menos duro. ¿Les suena a ustedes lo de la "memoria histórica"? Básicamente consiste en el empleo de las crueldades de uno de los bandos de la guerra civil para intentar dañar electoralmente al PP, partido que no existía en los años 30 del siglo pasado (sí existía el PSOE, pringado hasta las cejas por entonces en proyectos golpistas, pistolerismo callejero, robo de fondos públicos e incluso en alimentar chekas).
En el aspecto económico, el gabinete de Zapatero se ha dedicado al continuismo. No es de extrañar, como en muchas otras cosas, porque Zapatero no pensaba ganar las elecciones (las ganó por el 11-M, algo característico en España, país muy débil ante los ataques terroristas, que reacciona con mucha cobardía y mucho miedo, y que deforma sus líneas políticas a la mínima que le presionan. Seguimos viviendo en ese sistema corporativo que lentamente ha sustituido al verdadero capitalismo: los intuitivos empresarios de décadas atrás, que arriesgaban su dinero y ofrecían productos y servicios realmente novedosos, no homogeneizados con la competencia, han dejado el sitio a cuadras de burócratas del sector privado, que no arriesgan su dinero, copan los consejos de administración haciendo la rosca a las juntas dos veces al año y ofrecen productos prácticamente idénticos a los de la competencia. El capitalista de otrora no aparece o, cuando lo hace, tiene pinta de outsider: vgr. Bill Gates. Eso no ha cambiado. Menos todavía la impresionante inflación que actualmente padecemos, una inflación sorda que poco o nada tiene que ver con el IPC. Nos negamos a aceptar que el TAE de un préstamo hipotecario pueda compararse en condiciones con el precio de los huevos de gallina (que, por cierto, es un precio fijado por una camarilla). ¿Qué alternativas hay? Para Zapatero y Solbes, ninguna.
En cuanto al tema de la inmigración, a mi entender se trata de lo más peligroso, de lo más preocupante. Un país puede sobrevivir a una crisis económica, también a una capitulación, o a una catástrofe natural. A lo que un país no puede sobrevivir es a una sustitución poblacional. Se convierte en otra cosa, deja de ser ese país previo. Hace algo más de una década los babyboomers dejaron paso a una grave crisis demográfica en un país envejecido que veía de repente peligrar el recambio generacional. La ausencia de ideas del PP por aquel entonces fueron suplidas por la vía fácil: sustitución poblacional. ¿Que nos faltan en este tramo de la pirámide dos millones de españoles? Pues nos traemos dos millones de marroquíes, ecuatorianos o lo que sea, pero que sea rápido (algo que agradecieron las patronales de construcción, hostelería y agricultura en perjuicio del currante español). Lejos está el ejemplo de Pablo de Olavide. A la hora de repoblar Sierra Morena, el prócer ilustrado no se acordó de los indiecitos de su Lima natal, sino que recurrió a colonos alemanes. Gracias, don Pablo, por aquel ejemplo caído en saco roto. Zapatero ha acelerado el proceso con regularizaciones en masa que sólo pueden calificarse como una cafrada. Porque las diferencias antropológicas entre poblaciones serán muy sutiles, pero existen. Y se manifestarán en el transcurso de un par de generaciones si el proceso no se invierte con la debida energía y urgencia. Creo que nunca se insistirá lo suficiente sobre esto. España no se hundirá si desaparecen los vendedores ambulantes de marroquinería falsificada. España se hundirá si nos convertimos en una tropa parda de tanto admitir alegremente y sin reflexionar a gentes de pueblos que no han demostrado absolutamente nada en la Historia. La sobrecarga de los servicios sociales y los picos de delincuencia alcanzados parecerán problemas reales pero menores en comparación con este asomo de sustitución poblacional. Vivimos de espaldas a lo real, ése es nuestro problema. Vivimos por encima de nuestras posibilidades. Por eso tenemos como presidentes a individuos huecos y sin talento como Zapatero.
Bueno, no quiero hacer muy largo esto. Los colegios electorales han cerrado ya. Recuerdo cuando fui vocal durante el plebiscito de febrero del 2005 acerca de la mal llamada "Constitución europea", un mamotreto infumable ya muerto, pero que casi toda la gente que fue a votar -¡menuda abstención hubo!- apoyó sin haberla leído: votantes teledirigidos. ¿Merecemos esta clase política?
En breve, resultados.
